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6 de Septiembre de 2010
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¿Existe el «salto del Tiger»?

El sexólogo avilesino Iván Rotella niega la existencia de la adicción al sexo, la dolencia atribuida al golfista Woods. El psiquiatra ovetense Julio Bobes defiende el diagnóstico y advierte de que crea insatisfacción e impide al enfermo llevar una vida normal.

¿Existe el «salto del Tiger»?
Tiger Woods se está quitando... de una supuesta adicción al sexo. No se sabía nada de él desde que saltó a la luz su último escándalo sexual con una rubia. Según «National Enquirer» el mejor golfista de todos los tiempos ha ingresado en el Pine Grove Behavioral Health y podría estar dentro de un pionero programa creado por el doctor Patrick Carnes destinado a superar el comportamiento compulsivo con el sexo. Tiger Woods no es el primer famoso que ingresa en este tipo de clínicas, muy en auge en Estados Unidos. Antes lo hicieron otras estrellas como el actor Michael Douglas o el agente del FBI de «Expediente X» David Duchovny. ¿Será un invento de los famosos o la adicción al sexo existe de verdad?

El sexólogo Iván Rotella Arregui, portavoz de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología y profesional del Centro de Atención Sexológica de Asturias, es tajante en su diagnóstico: «La adicción al sexo no existe», asegura. «Si viviese en Estados Unidos montaría una clínica de este tipo, se gana mucho dinero», argumenta. «"No te puse los cuernos, es que soy adicto al sexo" queda muy bien para justificarse», asegura el sexólogo avilesino. «Yo creo que la adicción al sexo la inventó Michael Douglas cuando ingresó en aquella clínica. Porque no existe en todo el mundo un diagnóstico médico de un adicto al sexo», sentencia Rotella. «Lo que se hace en nuestro país es tratarlo como un trastorno del control de los impulsos, a nivel psiquiátrico. Nosotros abrimos la consulta en 2003 y hasta la fecha sólo recibimos a una persona que quería tratar este tema. Con el tiempo supimos que se trataba de una excusa porque quería dejar a su pareja», añade.

Si la sexología niega la adicción al sexo, la siguiente parada es la psiquiatría. Julio Bobes es jefe del servicio de psiquiatría del área sanitaria de Oviedo y asegura que la adicción al sexo está incluida en la clasificación internacional de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud como impulso sexual excesivo. «Sí existe, no hay duda. Otra cosa es si hay más o no hay más ahora; si la sociedad lo genera. Pero la psiquiatría clásica ya hablaba de estas conductas», asegura. Julio Bobes explica que la adicción al sexo «es impulsividad hacia el comportamiento sexual, mantener de manera reiterada e insatisfactoria actividades sexuales, ya sea onanismo o sexo con otras personas. Siguen intentando compensarse con la misma conducta, pero no hay satisfacción y eso les impide seguir con su vida normal», concluye el psiquiatra.

Bobes explica que en su consulta atiende casos de adicción al sexo. A la consulta privada acuden por voluntad propia y a la pública, cuando el paciente está inmerso en complicaciones legales. El tratamiento se basa en compaginar psicoterapias dirigidas a ayudar al individuo a obtener formas de satisfacción con fármacos para controlar los impulsos. «Son tratamientos prolongados. Mejoran por rachas y empeoran si dejan la medicación. La duración depende del paciente», asegura el psiquiatra.

Por su parte, el también psiquiatra Pedro Quirós Corujo sostiene que la adicción al sexo «es una cosa muy rara, rarísima» y que en su carrera profesional sólo trató un caso. «Era un hombre normal, con un puesto de trabajo de capataz, que necesitaba el sexo por encima de todo y esa necesidad le impedía hacer su vida con normalidad», explica el psiquiatra. «Yo creo que lo de Tiger Woods y los famosos es otra historia. Tienen mucha cara», añade el profesional.

«Lo que sí es habitual y solemos tratar son problemas que se dan en gente senil que, como primer síntoma, empiezan con llamadas a mujeres y se dedican a molestarlas», concreta Pedro Quirós. Aunque en su vida profesional nunca lo ha puesto en práctica, el psiquiatra cree que el método de tratamiento «sería intentar disminuir la potencia sexual, con medicamentos y psicoterapia». Según el psiquiatra habría que recurrir a los mismos medicamentos «que se administran a gente que comete abusos sexuales, y se requiere un permiso judicial», añade.

Si la sociedad tiende a imitar las conductas de los personajes que salen en televisión, cabe preguntarse si la adicción al sexo es un tema/excusa recurrente en los procesos de divorcio. La respuesta, al menos en España, es no. «En nuestro país no se utiliza porque los divorcios y las separaciones no son causales», explica el abogado de familia Antonio Díaz Solís. «Se podría alegar igual que cualquier otro tipo de adicción en temas de custodia de los hijos, o también en procesos para anular el matrimonio canónigo», explica el abogado. En su ejercicio profesional no ha conocido ningún caso de adicción al sexo. «Quizá más bien lo contrario...», añade el abogado.

Quizá lo que necesite Tiger para curarse de lo suyo es encontrar una mujer como Michelle Thompson, la inglesa de los trescientos orgasmos, que padece un extraño síndrome llamado «de excitación continua». La mujer ha asegurado al «Daily Telegraph» que por fin ha encontrado la felicidad. Thompson lleva saliendo seis meses con su nuevo vecino, Adrew Carr, y asegura que él tiene tanto gusto por el sexo como ella, por lo que hacen el amor hasta diez veces al día. «Ya no me preocupa encontrar una cura para mis orgasmos», admite la mujer.

Tiger y compañía

La adicción al sexo empezó a tener repercusión cuando el actor norteamericano Michael Douglas reconoció tener este problema. El actor fue descubierto por su ex esposa Diandra Luker cuando estaba en la cama con una amiga suya. Luego, ingresó en la clínica Sierra Tucson de Arizona para rehabilitarse. En 2007 el actor David Duchovny, conocido por su papel del agente Mulder en «Expediente X» ingresó voluntariamente en un centro de rehabilitación para tratar su adicción al sexo. El también actor Jude Lowe entró a una clínica de rehabilitación para tratar su adicción a las drogas y al sexo. El ex novio de Amy Winehouse, Jonnathan Jeannevol, reveló que la cantante es una adicta al sexo. Otra cantante, Whitney Houston, afirma que su adicción a las drogas la ha convertido en una adicta al sexo. El último escándalo es el protagonizado por el golfista Tiger Woods.
Fecha creación:  25-01-2010
Última modificación:  23-02-2010
Autor/Fuente:  Marta Pérez / La Nueva España

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